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VIÑE-ETA Nº 1

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DIARIO ÍNTIMO DE UN FANTASMA
INFORMANDO DESDE TRAFALGAR SQUARE
Capítulo III
Donde se prosigue relatando las comparaciones sobre el sentido de la convivencia y la flema inglesa, con la intransigencia y la mala leche española, máxime cuando se aborda el tema de la integración de etnias, de la inmigración y de sus efectos a largo plazo.
That it is the question. En el pasado capítulo dejamos a Don Emiliano del Botín echando las muelas contra la autoridad que le estaba emplumando con una multa de Tráfico. Pero hay que destacar que su mala leche verbal no iba contra la autoridad competente. Iba contra una etnia, contra un “gitano de mierda” reconvertido en guardia civil, lo más antagónico a un gitano. Esa es la cuestión.
La Autoridad ha de ser eso: Autoridad. O al menos parecerlo. Un gitano del Sacromonte, según el tópico y típico símil podrá ser reconocido por llevar una gallina bajo el brazo, pero verlo tocado con un tricornio no es válido, más bien es lo más alucinante que en imágenes verse pueda y no es creíble. Parece una pesadilla de Berlanga con ribetes paranoicos.
Y no vean vuesas mercedes si además de emplumarte con una multa, encima el guardia-gitano te echa la bronca. La hostia. Para darse de ídem, contra la pared. Pues hasta que no admitamos este hecho, toda la parafernalia hablada y escrita sobre integración, convivencia, racismo y bla, bla, bla, por mi parte queda archivada y puede irse a la mierda.
Querámoslo o no, como vengo diciendo desde hace tiempo, los españoles vivimos en un reino de taifas regidos por demagogos y soplapollas panfletarios llamados Señorías. Y eso condiciona un carajo, oigan. Sobretodo porque llevamos siglos soportando a los soplapollas y eso marca a un país y a sus habitantes de por vida.
Somos algo así como cuarenta millones de niños malcriados en la calle, que aprovechando la desidia paterna se cagan en la cocina y pringan de mierda todo cuanto les rodea. En estos cuarenta millones de niños malcriados también cuentan los millones de inmigrantes que han entrado en España a saco, tanto legal como ilegalmente, solicitando ayudas y prebendas, exigiendo derechos pero sin otorgar obligaciones al país que los acoge.
Por no otorgar no conceden ni una pizca de agradecimiento en forma de solidaria integración. La mayoría de ellos van a su bola y no hacen absolutamente nada por integrarse. Viven recluidos en sus propios barrios, creando sus propios círculos y desconfiando del resto de los españoles. En líneas generales eso va a misa. Eso sí: exigir, exigen lo que no está escrito y luego se producen los fiascos.
De fiascos habidos tras intentos de integración de ciertas etnias, puedo hablar y escribir con conocimiento de causa a pesar que ha llovido desde que se produjo el suceso que voy a narrarles:
Barcelona, años sesenta. Y no se extrañen, que por aquel entonces en España ya se estaba por la tarea de integración y convivencia; que tal labor no es un invento ni sociata ni pepero. A lo que iba. El entonces llamado Ministerio de la Vivienda construye una urbanización de trescientas viviendas que son adjudicadas a trescientas familias gitanas.
Se las desaloja de la zona infecta e insalubre de Can Tunis y se destruyen sus chabolas de cartón. A cambio cada familia recibe totalmente gratis un piso de 80 m2 compuesto de cocina, comedor, tres habitaciones, baño y terraza.
El día de de la entrega de llaves se arma la de Dios. Todo cristo de bailoteo, ¡jozú!,¡olé!, ¡arsa salero!, ¡Viva Franco! y demás vítores y zambras. Allí levantaba el brazo haciendo el saludo facha hasta el patriarca de la Indias y el primo del Lute. “Ezo zí, zeñó – decían – que agradesio lo semos pa aburrí”.
Comienza la operación integración duradera, y la prensa de la época lo recoge en gráficos (consultar hemerotecas) A los dos días de la entrega de llaves aparece el primer gráfico que da cuenta con qué fin y provecho son utilizadas las viviendas: La cabeza de un burro asomándose expectante por la ventana del comedor del 2º A. Siguiente gráfico: Instantánea de otro borrico, éste de cuerpo entero, tomando plácidamente el sol en la terraza del 5º B.
Al día siguiente los vecinos de un cercano inmueble llaman a los bomberos. Por el humo se sabe dónde está el fuego. Total, nada. Sólo que a los de los burros y otros de la etnia que han decidido convertir su nueva vivienda en un almacén de chatarra, les ha dado por encender lumbre en el comedor para dar ambiente a un sarao o bodorrio donde todo dios se rompe la camisa y se entrompa durante siete días seguidos. Tela.
No acaba ahí la cosa. Se presenta una comisión del gobierno para evaluar daños y levantar acta de desperfectos y son recibidos con una salva de adoquines. Y eso no. Desmadres los justos; que dice el gobernador civil que está hasta los huevos y envía a una dotación de grises armados de porras cimbreantes que reparten otra clase de lumbre entre la díscola etnia, que en pleno bodorrio abandona el campo y se reintegra a nuevas chabolas de donde ellos mismos, dicen : “No tuvimos que salir jamás”.
Mientras tanto a uno de los grises que ha entrado a saco en las nuevas viviendas, le da un apretón y se le ocurre ir a cagar, pero de repente se da cuenta que no tiene dónde hacerlo. Los inodoros han sido desmantelados, las tuberías de plomo, desmontadas, y todo el conjunto de sanitarios puesto a la venta en el mercadillo que se celebraba antiguamente en la plaza de las Glorias Catalanas.
También allí se pignoraron cerca de trescientas cocinas a gas Corberó, que ni puta falta les hacía tal utensilio a los de la etnia de marras. La mejor lumbre se conseguía con las puertas interiores y los marcos y ventanas de sus recién estrenados pisos. Y lo que aquí dejo escrito, va a misa. Para estudiosos e incrédulos consultar hemerotecas de La Vanguardia, Diario de Barcelona, La Prensa y Solidaridad Nacional.
Vuesas mercedes me sabrán perdonar el lapsus y la descolocación de acción y lugar, pero en lo tocante a integración y convivencia, cuando recapacito sobre el tema se me va la olla y enloquezco rememorando viejos tiempos.
No lo veo del todo claro eso de convivir plenamente integrados. No en esta generación. Y en la siguiente, ni se sabe porque tal estado de convivencia debería ser acción conjunta tanto de parte del inmigrante como por parte del que no lo es. Por parte del nativo dando por bueno y aceptando que la señora mulata que le hace las labores caseras, no es una esclava a la antigua usanza y debe ser retribuida y protegida laboralmente según la ley.
Y por parte del inmigrante, sólo recordarle que deje de tomar a España como si fuera una vaca de mil ubres a su servicio. Se acabó el ordeño y la solicitud de prebendas a esa ramera llamada Administración del Estado, de cuyo coño ha estado viviendo sin dar palo al agua desde su llegada a la más que jodida Madre Patria.
Y a ese Gobierno de desgobiernos, recetarle unos cursos acelerados de cómo cerrar y blindar fronteras para imposibilitar la entrada de zorros y zorras en este gallinero llamado España. En una palabra, hay que sanear el huerto y poner en la puta calle a todos los parásitos, ladrones, asesinos, vividores e hijos de puta que se han colado en este país. Hacer de nuevo válido el grito de ¡Santiago y cierra!, ¡España!
That it is the question.
José Luis de Valero.
Fantasma Mayor del Reino
Madrid
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DIARIO ÍNTIMO DE UN FANTASMA
INFORMANDO DESDE TRAFALGAR SQUARE
Capítulo II
Donde se relata el monólogo interior y las conclusiones del abajo firmante, al comparar el sentido de la convivencia y la flema inglesa, con la intransigencia y la mala leche española.
Recordarán vuesas mercedes que en capítulo anterior quedé en compañía del conde de Essex, libando ginebra en el interior de las mazmorras de la Torre de Londres tras encontrarme con su decapitado cuerpo rondando por los tétricos pasadizos subterráneos. Mas mi sorpresa fue en aumento cuando el encadenado fantasma sentóse a mi lado e invitóme a un trago, exclamando:
-Aguardad a que me coloque la cabeza en su sitio y después tomemos un trago, Don Luis, que hoy libro.
Soltando un sonoro eructo depositó la cabeza en el suelo y tras desprenderse de sus oxidadas cadenas, hizo lo propio con su casaca, jubón y calzones apareciendo ante mí la figura de un aborigen australiano con su correspondiente cabeza sobre los hombros, como Dios manda. Sin embargo sus rasgos aborígenes no eran totalmente puros, puesto que denotaban cierta mezcla europea. Ante mi sorpresa, el que yo creí conde de Essex se dirigió a mí con la exquisita corrección británica, que es habitual en todo inglés bien nacido en cuanto a iniciales presentaciones se refiere.
-Permitid que me presente, ilustre caballero. Me llamo John MacDonald, de los McDonald escoceses, está claro. Nada que ver con la rama yanqui. No confundirse con los devoradores de hamburguesas.
Sin duda al comprobar mi estupor, el aborigen creyó oportuno ampliar datos respecto a los motivos de su estancia en tan sombrío recinto y en cuanto a su apellido. Díjome que sus padres procedían de la Commonwealth de Australia, aunque a él le había cabido el honor de haber nacido en Londres, concretamente en Piccadilly Circus, por lo que podía considerarse un londinense de pura cepa y lo cierto era que su impecable acento así lo certificaba.
Habíase educado el mozo en colegios municipales totalmente gratuitos, sin que ello – puntualizó – fuere menoscabo en cuanto a la excelente calidad de la enseñanza recibida. Consecuencia de tal aplicación escolar fue la titulación que poseía, puesto que John McDonald, hijo de padre escocés y de madre aborigen australiana, había estudiado Arte Dramático e igualmente habíase licenciado en Historia de Inglaterra, con lo que merced a sus estudios pasó a formar parte de la nómina del patronato turístico londinense.
Debido a su fisonomía aborigen, le fue vedado representar el Ricardo III de Shakespeare, e incluso trabajar presentándose ataviado de "beefeater", simple guardia de la Torre. “Que para eso de los efectos ópticos y personales de cara a la galería – me comentó el descendiente de aborígenes – los ingleses son muy suyos y raciales y no pasan ni una”.
Tuvo pues que conformarse con representar en los sótanos de la Torre de Londres al decapitado fantasma del conde de Essex, cargado de cadenas, con una cabeza de cartón-piedra bajo el brazo y aullando lastimosamente de vez en cuando para dar un toque exótico a las visitas auspiciadas y guiadas por monitores del patronato turístico para el cual trabajaba.
-Lo que no entiendo – inquirí – es cómo demonios habéis detectado mi presencia puesto que yo sí soy un fantasma auténtico y por lo tanto se supone que a todos los efectos soy invisible.
-Dispensad que os corrija, caballero – puntualizó – más tened en cuenta que desciendo de brujos escoceses y aborígenes australianos, ambas ramas muy dadas a contactar y aliarse con fuerzas naturales y sobrenaturales. Vuestra fantasmal presencia no es la única que percibo puesto que entre estas paredes moran atormentados espíritus y almas en pena procedentes de pasadas épocas,….Mucha ha sido la sangre vertida en esta Torre.,,,,Todas las Coronas y testas coronadas están manchadas de sangre,..Que Dios perdone a todos los monarcas y a todas las monarquías.
-Y que de igual forma perdone a todas las víctimas de la monarquía – añadí – A todos los vasallos inmolados, cuyos cadáveres fueron los cimientos donde se sustentaron tanto reyes como monarquías, ¿no os parece?
-Todo vasallo tiene el rey que se merece, Don Luis.
-Jamás debieron existir vasallos, John.
-Jamás tuvieron que existir reyes,…Ni dioses,…Ni razas,…..
Dicho lo cual, John enmudeció. Tras saludarme cortésmente adornándose con un profundo revoloteo de su emplumado chapeo, John McDonald alejóse cabizbajo con dirección a la zona de los vestuarios habilitados para el personal de servicio en la Torre.
-No os olvidéis de visitar Trafalgar Square, caballero – díjome sin volver la vista atrás – Es el corazón de Londres y allí podréis comprobar el estado de salud de la City. Aunque de antemano ya os advierto que en lo tocante a convivencia pacífica, a los londinenses no nos gana nadie.
Intrigado por el tono tajante y victorioso del último párrafo, abandoné el recinto de la Torre y en un suspiro plantéme en Trafalgar Square apoyando mi trasero en la columna que soporta la estatua de Nelson, verdugo de la flota franco-española frente al cabo Trafalgar. Allí el tal Nelson nos jodió pa vino enviando nuestros barcos y nuestro orgullo patrio a tomar por saco al fondo del Atlántico.
Y me voy a callar, que se me calienta la sangre y luego me da por desbarrar contra los gabachos y los hijos de la Gran Bretaña, poniendo a los susodichos a caer de un burro por razones puramente históricas y por pasadas acciones, que a la postre son tan inútiles y equivalentes al agua pasada que no mueve molino.
Apostado como estaba en un punto ciudadano con alta afluencia de público, observé el ir y venir de la gente y no dejé de sorprenderme al ver la profusión de razas que desfilaban ante mis ojos.
En esas estaba cuando me fijé en un pedazo de motorista perteneciente a la Guardia de Tráfico Urbano, agente uniformado que acababa de dar el alto a un Jaguar tripulado por un rubio hijo de la Gran Bretaña con pintas de haber estudiado en Oxford.
La cosa no tendría la menor importancia de no ser por la circunstancia que el pedazo de agente motorizado – mediría un metro noventa y pesaría unas cuantas arrobas, el angelito – era de raza india y con pintas de haber nacido en Bombay y pertenecer a la tribu guerrera de los adoradores de Shiva. Desde mi lugar de observación no podía oír su conversación pero por la expresión de su cara y por su gesticulación, el descendiente o súbdito motorizado de la Commonwealth, mientras le extendía al rubiales la oportuna papela de multa, le estaba metiendo un chorreo verbal, de tres pares de cojones.
El conductor del Jaguar, con cara de circunstancias, contrito y apesadumbrado asentía en plan “mea culpa” a todo el chorreo del indio. Poco le faltó para bajarse del coche, implorar de rodillas la absolución de su falta y besar la enguantada mano del más que probable adorador de Shiva.
Se me dibujó una sonrisa en el rostro al trasladar mentalmente la misma acción a Madrid. Tanta demagogia escrita y hablada en España sobre integración racial y demás chorradas para quitar hierro al asunto de la inmigración, y resulta que tanto inmigrantes como nativos estamos en pañales en asuntos de integración y convivencia.
Porque una señal de perfecta integración sería exactamente esto: que un guardia indio, negro, watusi, o gitano le ponga a uno una multa, y que el conductor baje las orejas sin rechistar, no por la sanción en sí, sino por el elemento humano que la prescribe.
Visiono la escena en Madrid y me tiemblan los flancos del descojone. Me imagino a ese pedazo de guardia municipal procedente de la antigua Guinea Española, negro como los cojones de un grillo, que se acerca al repartidor de cervezas y le dice con muy buenas formas y guineano acento: “ahí no puede aparcar, caballero, o no se mee en la acera que le meto un puro por guarro”,
Y esa reacción del repartidor, todo fuego y temperamento latino: ¿ A mí me va a decir un negro zumbón de mierda dónde puedo aparcar o mear?,….¡Venga hombre, vete con tu tribu!,.. ¡A tomar por saco, tío!,…¡¡A descapullar monos a tu pueblo!!.
Ya metidos en harina, situémonos en la Nacional II pongamos por caso. Ese guardia civil de Tráfico que adelanta al Mercedes de Don Emiliano del Botín, lo echa al arcén con imperativo ademán, se aproxima a la ventanilla, se quita el casco y aparece la jeta de un gitano del Sacromonte diciéndole al del Botín: “Ozú, me pare usté el motó. Pue mire usté, señoritu, acaba de superá lo siento ochenta po hora y le voy a meté un paquete de tre pare de cohones”. “Documentasión, po favó . Y vacha usté soplándome aquí”.
Entonces imagínense vuesas mercedes la rebeldía del llamado Emiliano del Botín, viéndose emplumado por un gitano: “¿A mí?,… ¿Un cabrón de gitano me va a pedir los papeles a mí?,… ¿Y que encima sople? ¡¡Anda y que te sople la polla la puta de tu madre, gitano de mierda!!,…
(Proseguiré en breve con el Capítulo III)
José Luis de Valero.
Fantasma Mayor del Reino
Madrid
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DIARIO ÍNTIMO DE UN FANTASMA
RELÁTASE EN EL PRESENTE CAPÍTULO DE LO ACONTECIDO EN MI VIAJE AL LÓBREGO REINO DE LOS HIJOS DE LA GRAN BRETAÑA, CON RECORRIDO POR LOS CALOBOZOS DE LA TORRE DE LONDRES, LUGAR DE ENCUENTRO CON LA CREM DE LA CREM DE LOS FANTASMAS BRITÁNICOS.
Capítulo I
LA TORRE DE LONDRES
Debido a la aplastante e inmisericorde vara olímpica-televisiva que los madrileños, fantasmas o no, llevábamos en el cuerpo en los meses previos a la designación de la ciudad que albergaría los Juegos Olímpicos, pues digo y escribo que al ver el regocijo de la plebe londinense en Trafalgar Square por la concesión en su suelo de los XXX J.J.O.O., no pude evitar ciscarme en la pérfida Albión a pesar que tengo muy buenos amigos decapitados, emparedados y torturados en la Torre de Londres.
Físicamente en el pasado siglo viajé un par de veces al país del té de las cinco, aunque en anterior época, durante el saqueo de Cádiz en 1596 tuve la oportunidad de cruzar mi acero con ciertos sacamantecas hijos de la Gran Bretaña y con sus, en aquella época aliados holandeses, con el desfavorable resultado por mi parte de caer prisionero y ser rehén del Conde de Essex.
Fantasmal y mentalmente, hace escasamente unos días me trasladé a la Torre de Londres, tétrico y espectral lugar, orgullo sin embargo de todo inglés que se precie puesto que ese recinto lleva allí más de novecientos años sin que ningún ejército extranjero haya traspasado sus muros.
Dada mi condición de invisible fantasma me colé sin necesidad de abonar las 14 libras de vellón que le sustraen a uno por acceder a tan sombrío palacio-prisión, lugar de tortura y ejecuciones además de caja fuerte de todas las piedras preciosas y joyas en general apañadas por la Corona en sus innumerables saqueos a través del ancho mundo.
Pasé de largo y sin ser reconocido ante uno de los "beefeater", que nada tienen que ver con una marca de ginebra del mismo título, sino que es un componente de la guardia tradicional británica disfrazado de tal guisa para dar cierta enjundia y boato al recinto. La que no pude localizar fue la presencia del verdugo titular, decapitador de gargantas tanto reales como plebeyas que tuvo sus días de mayor esplendor y gloria cuando el obeso y obseso sexual Enrique VIII firmaba sentencias de muerte un día sí y el otro también.
Me deslicé hasta las mazmorras recorriendo un camino por mí conocido desde el año 1598, fecha en la cual fui internado en la Torre de Londres. A pesar de los años transcurridos las piedras de los pasadizos y mazmorras continuaban rezumando humedad y del enlosado del piso seguía manando agua pútrida, tal y como ocurría en el siglo XVI.
Con un escalofrío recordé aquellos siete malditos años de cautiverio. Cinco de ellos los pasé confinado en tan lúgubre recinto esperando que alguien en España abonara el pertinente rescate. Ciento veinte mil ducados exigía el hijo de perra del conde de Essex, para liberar a los cuarenta nobles y caballeros que en su día hizo prisioneros tras el saqueo de Cádiz, tomándonos como rehenes. Sin embargo, dado que nadie en España pagó un maravedí por nuestro rescate, fuimos confinados en las mazmorras de la Torre de Londres de donde pocos salían con vida.
Menos mal que al jodido conde se le torció la fortuna y de ser el favorito de la Reina Isabel I, pasó a ser carne de tajo y una mañana del año 1601, condenado por alta traición su cabeza rodó al cesto del verdugo. Lo cierto fue que muchos de mis compañeros cautivos también palmaron en la Torre debido a lo insalubre del alojamiento y al pésimo régimen alimenticio del que disfrutaban – y todavía disfrutan – los hijos de la Gran Bretaña.
Hartos de aguantarnos como huéspedes y debido a la muerte de la Reina, con el acceso al trono de Jacobo I, un escocés pacifista y nada belicoso, fuimos liberados en 1603 tras siete años de hospedaje carcelario por cuenta de la pérfida Albión y de la madre que los parió.
Intentando rememorar aquel infausto pasado, el crepúsculo me sorprendió en el interior de mi antigua mazmorra situada en el primer sótano, recostado mi esqueleto en el poyete de piedra que me había servido de lecho durante aquel cautiverio. Mi fantasmal memoria recordaba ensimismada todas las penurias acaecidas durante el cautiverio, cuando de repente percibí el sonido de un arrastrar de cadenas procedentes del segundo sótano.
Aguzando mis sentidos creí distinguir la difusa figura de un aparecido, vagando sin rumbo por el escalonado pasadizo que comunica ambos sótanos. Extrañóme en grado sumo no distinguir en un principio sus facciones, hasta caer en la cuenta que su cabeza reposaba a la altura de su cadera sujeta por la enguantada mano de su propietario, y que no era otro que el jodido y decapitado conde de Essex, el soberano hijo de la gran puta causante del Saco de Cádiz y de mi prisión allá por el año 1596.
Cuando arribó a mi altura no pude por menos que lanzar una serie de improperios al más puro estilo carcelario.
-¡Rediós, que de buena gana os rebanaría de nuevo el pescuezo de no tenerlo ya cercenado, maldito cabrón inglés!
-¿Os conozco, caballero? – me espetó el decapitado, haciendo caso omiso a mi amenaza verbal.
-Sin duda además de la cabeza habéis perdido la memoria – respondí – Me llamo Don Luis de Valero y me tuvisteis prisionero durante casi siete años, cinco de ellos confinado en esta Torre. ¿os acordáis ahora?
Entonces ante mi sorpresa, el decapitado conde de Essex exhalando un profundo suspiro sentóse a mi lado y extrayendo de su casaca una botella de ginebra, exclamó:
-Aguardad a que me coloque la cabeza en su sitio y después tomemos un trago, Don Luis, que hoy libro.
(Proseguiré en un próximo capítulo)
José Luis de Valero.
Fantasma Mayor del Reino
Madrid
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DIÁLOGOS HISTÓRICOS
SADAM, BIN LADEN Y ACÓLITO MUSULMÁN

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DIÁLOGOS HISTÓRICOS
HITLER Y FRANCO EN HENDAYA

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DIARIO ÍNTIMO DE UN FANTASMA
Hoy la luz del sol ha brillado con intensidad sobre esta tierra en la cual me hallo. A través de una buhardilla ubicada en el alero del Palacio Real de Madrid, veo ahora como el disco solar cae perezosamente hacia el oeste. Dentro de poco la difusa luz del crepúsculo se esparcirá por Madrid y después la negra noche invadirá toda nuestra patria,… Qué bella definición, Dios, esa de patria, que cuando pronuncio su nombre me sabe a claustro materno, me sabe a hogar, a brisa marina revoloteando entre las cañas de las marismas, al batir de las olas estrellándose contra los acantilados,….Mi tierra, mi patria, mi mundo, mi universo,…todo eso es Patria, algo que se nos concede en usufructo durante unos años y tras ellos llega la muerte, que no sólo nos arrebata la vida, sino que también nos despoja y desaparece con todos los dones que nos fueron concedidos para deleite de nuestra existencia, de nuestra vista y de nuestros sentidos.
Mi fatigado esqueleto de fantasma ha crujido al ponerse en pie esta mañana, puesto que aún teniendo un buen despertar, cuando las horas que deberían concederse al sueño han sido pasadas frente a la pantalla de ese maligno invento llamado ordenador, el amanecer se recibe con cierta pereza y modorra tendiendo uno a esconder la cabeza entre las sábanas e intentando huir de la luz. Todo lo contrario que me ha sucedido en las breves horas que he podido pegar ojo y enhebrar un perro sueño, donde al ver cómo se alejaba mi Patria entre senderos galácticos y viéndome sólo y perdido, como clavado en el centro de la nada, todo mi afán fue salir de la negrura de aquel maldito sueño para reintegrarme a la luz del amanecer, a la vida, breve vida, pero vida al fin.
Llevo años sirviendo a mi amo, señor y tocayo Don José Luis de Valero y esta mañana le vi salir cuando apuntaba el alba en el horizonte, Tenía que caminar sus dos horas diarias para mantener su cascada máquina a pleno rendimiento. Eso de andar con rumbo pero sin un destino concreto es una jodienda sin duda, puesto que no es lo mismo que ensillar la cabalgadura, poner el arnés y el pie en el estribo, tomar la brida y picar espuelas. Que dicho sea de paso, mi señor también hizo lo propio hace unos años cuando se cascó toda Castilla y el Camino de Santiago a lomos de un jaco asturcón llamado Caminante. Buen jaco por cierto, que tras la aventura jacobea quedó de nuevo en libertad cerca de Cangas, y pastando estará sin duda en los verdes prados astures, cortejando a potrancas y correteando entre riscos y valles con la crin al viento.
Tendréis que perdonarle pues si en el día de hoy mi señor descuidó sus deberes y no se acercó a la tecla, pero tras la caminata tuvo que acudir a su cita con el galeno que hace un tiempo abrióle la pechuga para recomponer válvulas y circuitos. Y como ambos son amigotes desde la infancia, pues tras la revisión pertinente se marcaron unas cañas y otros tantos vermús de grifo por el viejo Madrid de los Austrias, más el correspondiente ágape con café, copichuela, pero sin puro. Y la cosa no fue a mayores dado que el galeno anda más jodido que el paciente y éste tuvo que pedir un carruaje para el transporte del matasanos que se quedó un pelín traspuesto tras el tercer copetín de agua de fuego que metióse el hombre entre pecho y espalda.
En nombre del paciente pues, voy a lanzar esta misiva al espacio cibernético para que quienes la lean sepan de nosotros, que ni yo aun siendo fantasma, ni mi señor ostentando el título de caballero, podemos olvidar a vuesas mercedes que son quienes nos asisten humana y emocionalmente. Y creo que tras este envío, proveeré a Don Luis de recado de escribir para que de tal guisa se llegue mi señor a responder los correos llamados e.mail y confeccionar una nueva misiva que tiene en mente y que en cierto modo va a cambiar la estructura de su actuación personal ejecutada hasta hoy en las antiguas mazmorras del Palacio Real.
Con Dios, Damas y Caballeros.
José Luis de Valero
Fantasma Mayor del Reino
Madrid
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VILLA Y CORTE DE MADRID
Si alguna de vuesas mercedes se digna leer estas líneas, creo le debo pertinente explicación. Y digo tal, no fuere el caso que, siendo como soy recién llegado al cometido de fantasmal cronista de esta Villa y Corte, y puesto que mi escritura y lectura tienden a discurrir por cauces y vericuetos literarios no al uso en el presente siglo, fuérasele a quien me leyere a colapsársele la sesera como lector y pudiera acaecer que el mismo leyente, agobiado por el empacho de letras, corriera raudo en pos de un intérprete.
Traductor que por cierto no lo hallare en este mundo tecnológico, puesto que siglos ha que los huesos de tan doctos e insignes chupaletras del barroco se convirtieron en olvidado, mas palpable polvo depositado hoy en día en los miles de estantes existentes en cientos de olvidadas bibliotecas.
Como inicial presente, me hubiera agradado ofrecer a vuesas mercedes una reproducción del callejero de esta Villa y Corte correspondiente a principios del siglo XVII, callejas por las cuales transitaron nuestros ancestros, preñadas de historia muchas de ellas, por donde todavía resuenan los pasos de hombres y mujeres que en su día, soñaron en convertir su hábitat en el centro del Universo y para conseguirlo, no dudaron en regar con su sangre las calles de una pequeña aldea llamada Magerit.
Más una cosa es mi deseo y otra muy distinta los hados malignos o impedimentos técnicos que no me permiten subir la reproducción cartográfica. Y no será por las veces que lo he intentado ni por el peso del plano que no llega ni por asomo a los máximos establecidos. De todas formas consultaré con brujas, astrólogos e iluminados para solventar el problema y para que, mediante el plano, podáis vivir sobre el terreno los lances históricos que pretendo relataros.
Al fin y al cabo, este arcón de misivas llamado blog, es una lanzadera espacial de sueños y pensamientos escritos, en un vuelo sin retorno hacia el vacío absoluto, directo hacia las estrellas.
José Luis de Valero
Fantasma Mayor del Reino
Madrid
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SOBRE LA INMIGRACIÓN Y SUS PROBLEMAS
A veces los españoles no nos ponemos de acuerdo sobre las ventajas e inconvenientes de la inmigración masiva.

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DIÁLOGOS HISTÓRICOS
En esta sección de desinforme semanal, hoy os ofrezco un apasionante espacio dedicado a líderes políticos y militares que en el pasado y presente siglo han tenido y tienen literalmente acojonada a la Humanidad. Según los informes y fotografías que tenéis a la vista entre estos fulanos existieron conversaciones secretas que no figuran en sus biografías pero que cambiaron el curso de la Historia. Ved imagenes y diálogos mantenidos hasta hoy en el más absoluto secreto.

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