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Marzo del 2006

CÓMIC-PARIDA MENTAL Nº 6

Por Fantasma Mayor del Reino - 27 de Marzo, 2006, 19:06, Categoría: General

VIÑE-ETA Nº 1

VIÑE_ETA

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PARIDAS MENTALES DE UN FANTASMA

Por Fantasma Mayor del Reino - 22 de Marzo, 2006, 13:20, Categoría: General

DIARIO ÍNTIMO DE UN FANTASMA

INFORMANDO DESDE TRAFALGAR SQUARE

Capítulo III

Donde se prosigue relatando las comparaciones sobre el     sentido de la convivencia y la flema inglesa, con la intransigencia y la mala leche española, máxime cuando se aborda el tema de la integración de etnias, de la inmigración y de sus efectos a largo plazo.

 

That it is the question. En el pasado capítulo dejamos a Don Emiliano del Botín echando las muelas contra la autoridad que le estaba emplumando con una multa de Tráfico. Pero hay que destacar que su mala leche verbal no iba contra la autoridad competente. Iba contra una etnia, contra un “gitano de mierda” reconvertido en guardia civil, lo más antagónico a un gitano. Esa es la cuestión.

La Autoridad ha de ser eso: Autoridad. O al menos parecerlo. Un gitano del Sacromonte, según el tópico y típico símil podrá ser reconocido por llevar una gallina bajo el brazo, pero verlo tocado con un tricornio no es válido, más bien es lo más alucinante que en imágenes verse pueda y no es creíble. Parece una pesadilla de Berlanga con ribetes paranoicos.

Y no vean vuesas mercedes si además de emplumarte con una multa, encima el guardia-gitano te echa la bronca. La hostia. Para darse de ídem, contra la pared. Pues hasta que no admitamos este hecho, toda la parafernalia hablada y escrita  sobre integración, convivencia, racismo y bla, bla, bla, por mi parte queda archivada y puede irse a la mierda.

Querámoslo o no, como vengo diciendo desde hace tiempo, los españoles vivimos en un reino de taifas regidos por demagogos y soplapollas panfletarios llamados Señorías. Y eso condiciona un carajo, oigan. Sobretodo porque llevamos siglos soportando a los soplapollas y eso marca a un país y a sus habitantes de por vida.

Somos algo así como cuarenta millones de niños malcriados en la calle, que aprovechando la desidia paterna se cagan en la cocina y pringan de mierda todo cuanto les rodea. En estos cuarenta millones de niños malcriados también cuentan los millones de inmigrantes que han entrado en España a saco, tanto legal como ilegalmente, solicitando ayudas y prebendas, exigiendo derechos pero sin otorgar obligaciones al país que los acoge.

Por no otorgar no conceden ni una pizca de agradecimiento en forma de solidaria integración. La mayoría de ellos van a su bola y no hacen absolutamente nada por integrarse. Viven recluidos en sus propios barrios, creando sus propios círculos y desconfiando del resto de los españoles. En líneas generales eso va a misa. Eso sí: exigir, exigen lo que no está escrito y luego se producen los fiascos.

De fiascos habidos tras intentos de integración de ciertas etnias, puedo hablar y escribir con conocimiento de causa a pesar que ha llovido desde que se produjo el suceso que voy a narrarles:

Barcelona, años sesenta. Y no se extrañen, que por aquel entonces en España ya se estaba por la tarea de integración y convivencia; que tal labor no es un invento ni sociata ni pepero. A lo que iba. El entonces llamado Ministerio de la Vivienda construye una urbanización de trescientas viviendas que son adjudicadas a trescientas familias gitanas.

Se las desaloja de la zona infecta e insalubre de Can Tunis y se destruyen sus chabolas de cartón. A cambio cada familia recibe totalmente gratis un piso de 80 m2 compuesto de cocina, comedor, tres habitaciones, baño y terraza.

El día de de la entrega de llaves se arma la de Dios. Todo cristo de bailoteo, ¡jozú!,¡olé!, ¡arsa salero!, ¡Viva Franco! y demás vítores y zambras. Allí levantaba el brazo haciendo el saludo facha hasta el patriarca de la Indias y el primo del Lute. “Ezo zí, zeñó – decían – que agradesio lo semos pa aburrí”.

Comienza la operación integración duradera, y la prensa de la época lo recoge en gráficos (consultar hemerotecas) A los dos días de la entrega de llaves aparece el primer gráfico que da cuenta con qué fin y provecho son utilizadas las viviendas: La cabeza de un burro asomándose expectante por la ventana del comedor del 2º A. Siguiente gráfico: Instantánea de otro borrico, éste de cuerpo entero, tomando plácidamente el sol en la terraza del 5º B.

Al día siguiente los vecinos de un cercano inmueble llaman a los bomberos. Por el humo se sabe dónde está el fuego. Total, nada. Sólo que a los de los burros y  otros de la etnia que han decidido convertir su nueva vivienda en un almacén de chatarra, les ha dado por encender lumbre en el comedor para dar ambiente a un sarao o bodorrio donde todo dios se rompe la camisa y se entrompa durante siete días seguidos. Tela.

No acaba ahí la cosa. Se presenta una comisión del gobierno para evaluar daños y levantar acta de desperfectos y son recibidos con una salva de adoquines. Y eso no. Desmadres los justos; que dice el gobernador civil que está hasta los huevos y envía a una dotación de grises armados de porras cimbreantes que reparten otra clase de lumbre entre la díscola etnia, que en pleno bodorrio abandona el campo y se reintegra a nuevas chabolas de donde ellos mismos, dicen : “No tuvimos que salir jamás”.

Mientras tanto a uno de los grises que ha entrado a saco en las nuevas viviendas, le da un apretón y se le ocurre ir a cagar, pero de repente se da cuenta que no tiene dónde hacerlo. Los inodoros han sido desmantelados, las tuberías de plomo, desmontadas, y todo el conjunto de sanitarios puesto a la venta en el mercadillo que se celebraba antiguamente en la plaza de las Glorias Catalanas.

También allí se pignoraron cerca de trescientas cocinas a gas Corberó, que ni puta falta les hacía tal utensilio a los de la etnia de marras. La mejor lumbre se conseguía con las puertas interiores y los marcos y ventanas de sus recién estrenados pisos. Y lo que aquí dejo escrito, va a misa. Para estudiosos e incrédulos consultar hemerotecas de La Vanguardia, Diario de Barcelona, La Prensa y Solidaridad Nacional.

Vuesas mercedes me sabrán perdonar el lapsus y la descolocación de acción y lugar, pero en lo tocante a integración y convivencia, cuando recapacito sobre el tema se me va la olla y enloquezco rememorando viejos tiempos.

No lo veo del todo claro eso de convivir plenamente integrados. No en esta generación. Y en la siguiente, ni se sabe porque tal estado de convivencia debería ser acción conjunta tanto de parte del inmigrante como por parte del que no lo es. Por parte del nativo dando por bueno y aceptando que la señora mulata que le hace las labores caseras, no es una esclava a la antigua usanza y debe ser retribuida y protegida laboralmente según la ley.

Y por parte del inmigrante, sólo recordarle que deje de tomar a España como si fuera una vaca de mil ubres a su servicio. Se acabó el ordeño y la solicitud de prebendas a esa ramera llamada Administración del Estado, de cuyo coño ha estado viviendo sin dar palo al agua desde su llegada a la más que jodida Madre Patria.

Y a ese Gobierno de desgobiernos, recetarle unos cursos acelerados de cómo cerrar y blindar fronteras para imposibilitar la entrada de zorros y zorras en este gallinero llamado España. En una palabra, hay que sanear el huerto y poner en la puta calle a todos los parásitos, ladrones, asesinos,   vividores e hijos de puta que se han colado en este país. Hacer de nuevo válido el grito de ¡Santiago y cierra!, ¡España!

That it is the question.

José Luis de Valero.

Fantasma Mayor del Reino

Madrid

 

 

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PARIDAS MENTALES DE UN FANTASMA

Por Fantasma Mayor del Reino - 17 de Marzo, 2006, 20:22, Categoría: General

DIARIO ÍNTIMO DE UN FANTASMA

INFORMANDO DESDE TRAFALGAR SQUARE

Capítulo II

Donde se relata el monólogo interior y las conclusiones del abajo firmante, al comparar el sentido de la convivencia y la flema inglesa, con la intransigencia y la mala leche española.

Recordarán vuesas mercedes que en capítulo anterior quedé en compañía del conde de Essex, libando ginebra en el interior de las mazmorras de la Torre de Londres tras encontrarme con su decapitado cuerpo rondando por los tétricos pasadizos subterráneos.  Mas mi sorpresa fue en aumento cuando el encadenado fantasma sentóse a mi lado e invitóme a un trago, exclamando: 

   -Aguardad a que me coloque la cabeza en su sitio y después tomemos un trago, Don Luis, que hoy libro.

Soltando un sonoro eructo depositó la cabeza en el suelo y tras desprenderse de sus oxidadas cadenas, hizo lo propio con su casaca, jubón y calzones apareciendo ante mí la figura de un aborigen australiano con su correspondiente cabeza sobre los hombros, como Dios manda. Sin embargo sus rasgos aborígenes no eran totalmente puros, puesto que denotaban cierta mezcla europea.  Ante mi sorpresa, el que yo creí conde de Essex se dirigió a mí con la exquisita corrección británica, que es habitual en todo inglés bien nacido en cuanto a iniciales presentaciones se refiere.

-Permitid que me presente, ilustre caballero. Me llamo John MacDonald, de los McDonald escoceses, está claro. Nada que ver con la rama yanqui. No confundirse con los devoradores de hamburguesas.

 

Sin duda al comprobar mi estupor, el aborigen creyó oportuno ampliar datos respecto a los motivos de su estancia en tan sombrío recinto y en cuanto a su apellido. Díjome que sus padres procedían de la Commonwealth de Australia, aunque a él le había cabido el honor de haber nacido en Londres, concretamente en Piccadilly Circus, por lo que podía considerarse un londinense de pura cepa y lo cierto era que su impecable acento así lo certificaba.

Habíase educado el mozo en colegios municipales totalmente gratuitos, sin que ello – puntualizó – fuere menoscabo en cuanto a la excelente calidad de la enseñanza recibida. Consecuencia de tal aplicación escolar fue la titulación que poseía, puesto que John McDonald, hijo de padre escocés y de madre aborigen australiana, había estudiado Arte Dramático e igualmente habíase licenciado en Historia de Inglaterra, con lo que merced a sus estudios pasó a formar parte de la nómina del patronato turístico londinense.

Debido a su fisonomía aborigen, le fue vedado representar el Ricardo III de Shakespeare, e incluso trabajar presentándose ataviado de "beefeater", simple guardia de la Torre. “Que para eso de los efectos ópticos y personales de cara a la galería – me comentó el descendiente de aborígenes – los ingleses son muy suyos y raciales y no pasan ni una”.

Tuvo pues que conformarse con representar en los sótanos de la Torre de Londres al decapitado fantasma del conde de Essex, cargado de cadenas, con una cabeza de cartón-piedra bajo el brazo y aullando lastimosamente de vez en cuando para dar un toque exótico a las visitas auspiciadas y guiadas por monitores  del patronato turístico para el cual trabajaba.

-Lo que no entiendo – inquirí – es cómo demonios habéis detectado mi presencia puesto que yo sí soy un fantasma auténtico y por lo tanto se supone que a todos los efectos soy invisible.

-Dispensad que os corrija, caballero – puntualizó – más tened en cuenta que desciendo de brujos escoceses y aborígenes australianos, ambas ramas muy dadas a contactar y aliarse con fuerzas naturales y sobrenaturales. Vuestra fantasmal presencia no es la única que percibo puesto que entre estas paredes moran atormentados espíritus y almas en pena procedentes de pasadas épocas,….Mucha ha sido la sangre vertida en esta Torre.,,,,Todas las Coronas y testas coronadas están manchadas de sangre,..Que Dios perdone a todos los monarcas y a todas las monarquías.

-Y que de igual forma perdone a todas las víctimas de la monarquía – añadí – A todos los vasallos inmolados, cuyos cadáveres fueron los cimientos donde se sustentaron tanto reyes como monarquías, ¿no os parece?

 

-Todo vasallo tiene el rey que se merece, Don Luis.

-Jamás debieron existir vasallos, John.

-Jamás tuvieron que existir reyes,…Ni dioses,…Ni razas,…..

 

Dicho lo cual, John enmudeció. Tras saludarme cortésmente adornándose con un profundo revoloteo de su emplumado chapeo, John McDonald alejóse cabizbajo con dirección a la zona de los vestuarios habilitados para el personal de servicio en la Torre.

 

-No os olvidéis de visitar Trafalgar Square, caballero – díjome sin volver la vista atrás – Es el corazón de Londres y allí podréis comprobar el estado de salud de la City. Aunque de antemano ya os advierto que en lo tocante a convivencia pacífica, a los londinenses no nos gana nadie. 

Intrigado por el tono tajante y victorioso del último párrafo, abandoné el recinto de la Torre y en un suspiro plantéme en Trafalgar Square apoyando mi trasero en la columna que soporta la estatua de Nelson, verdugo de la flota franco-española frente al cabo Trafalgar. Allí el tal Nelson nos jodió pa vino enviando nuestros barcos y nuestro orgullo patrio a tomar por saco al fondo del Atlántico. 

Y me voy a callar, que se me calienta la sangre y luego me da por desbarrar contra los gabachos y los hijos de la Gran Bretaña, poniendo a los susodichos a caer de un burro por razones puramente históricas y por pasadas acciones, que a la postre son tan inútiles y equivalentes al agua pasada que no mueve molino.

Apostado como estaba en un punto ciudadano con alta afluencia de público, observé el ir y venir de la gente y no dejé de sorprenderme al ver la profusión de razas que desfilaban ante mis ojos.

En esas estaba cuando me fijé en un pedazo de motorista perteneciente a la Guardia de Tráfico Urbano, agente uniformado que acababa de dar el alto a un Jaguar tripulado por un rubio hijo de la Gran Bretaña con pintas de haber estudiado en Oxford.

La cosa no tendría la menor importancia de no ser por la circunstancia que el pedazo de agente motorizado – mediría un metro noventa y pesaría unas cuantas arrobas, el angelito – era    de raza india y con pintas de haber nacido en Bombay y pertenecer a la tribu guerrera de los adoradores de Shiva. Desde mi lugar de observación no podía oír su conversación pero por la expresión de su cara y por su gesticulación, el descendiente o súbdito motorizado de la Commonwealth, mientras le extendía al rubiales la oportuna papela de multa, le estaba metiendo un chorreo verbal, de tres pares de cojones.

El conductor del Jaguar, con cara de circunstancias, contrito y apesadumbrado asentía en plan “mea culpa” a todo el chorreo del indio. Poco le faltó para bajarse del coche, implorar de rodillas la absolución de su falta y besar la enguantada mano del más que probable adorador de Shiva.

Se me dibujó una sonrisa en el rostro al trasladar mentalmente la misma acción a Madrid. Tanta demagogia escrita y hablada   en España sobre integración racial y demás chorradas para quitar hierro al asunto de la inmigración, y resulta que tanto inmigrantes como nativos estamos en pañales en asuntos de integración y convivencia.    

Porque una señal de perfecta integración sería exactamente esto: que un guardia indio, negro, watusi, o gitano le ponga a uno una multa, y que el conductor baje las orejas sin rechistar, no por la sanción en sí, sino por el elemento humano que la prescribe. 

Visiono la escena en Madrid y me tiemblan los flancos del descojone. Me imagino a ese pedazo de guardia municipal procedente de la antigua Guinea Española, negro como los cojones de un grillo,  que se acerca al repartidor de cervezas y le dice con muy buenas formas y guineano acento: “ahí no puede aparcar, caballero, o no se mee en la acera que le meto un puro por guarro”, 

Y esa reacción del repartidor, todo fuego y temperamento latino: ¿ A mí me va a decir un negro zumbón de mierda dónde puedo aparcar o mear?,….¡Venga hombre, vete con tu tribu!,.. ¡A tomar por saco, tío!,…¡¡A descapullar monos a tu pueblo!!.

Ya metidos en harina, situémonos en la Nacional II pongamos por caso. Ese guardia civil de Tráfico que adelanta al Mercedes de Don Emiliano del Botín, lo echa al arcén con imperativo ademán, se aproxima a la ventanilla, se quita el casco y aparece la jeta de un gitano del Sacromonte diciéndole al del Botín: “Ozú, me pare usté el motó. Pue mire usté, señoritu, acaba de superá lo siento ochenta po hora y le voy a meté un paquete de tre pare de cohones”. “Documentasión, po favó . Y vacha usté soplándome aquí”.

Entonces imagínense vuesas mercedes la rebeldía del llamado Emiliano del Botín, viéndose emplumado por un gitano: “¿A mí?,… ¿Un cabrón de gitano me va a pedir los papeles a mí?,… ¿Y que encima sople? ¡¡Anda y que te sople la polla la puta de tu madre, gitano de mierda!!,…

 

(Proseguiré en breve con el Capítulo III)

 

José Luis de Valero.

Fantasma Mayor del Reino

Madrid

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