DIARIO ÍNTIMO DE UN FANTASMA
INFORMANDO DESDE TRAFALGAR SQUARE
Capítulo III
Donde se prosigue relatando las comparaciones sobre el sentido de la convivencia y la flema inglesa, con la intransigencia y la mala leche española, máxime cuando se aborda el tema de la integración de etnias, de la inmigración y de sus efectos a largo plazo.
That it is the question. En el pasado capítulo dejamos a Don Emiliano del Botín echando las muelas contra la autoridad que le estaba emplumando con una multa de Tráfico. Pero hay que destacar que su mala leche verbal no iba contra la autoridad competente. Iba contra una etnia, contra un “gitano de mierda” reconvertido en guardia civil, lo más antagónico a un gitano. Esa es la cuestión.
La Autoridad ha de ser eso: Autoridad. O al menos parecerlo. Un gitano del Sacromonte, según el tópico y típico símil podrá ser reconocido por llevar una gallina bajo el brazo, pero verlo tocado con un tricornio no es válido, más bien es lo más alucinante que en imágenes verse pueda y no es creíble. Parece una pesadilla de Berlanga con ribetes paranoicos.
Y no vean vuesas mercedes si además de emplumarte con una multa, encima el guardia-gitano te echa la bronca. La hostia. Para darse de ídem, contra la pared. Pues hasta que no admitamos este hecho, toda la parafernalia hablada y escrita sobre integración, convivencia, racismo y bla, bla, bla, por mi parte queda archivada y puede irse a la mierda.
Querámoslo o no, como vengo diciendo desde hace tiempo, los españoles vivimos en un reino de taifas regidos por demagogos y soplapollas panfletarios llamados Señorías. Y eso condiciona un carajo, oigan. Sobretodo porque llevamos siglos soportando a los soplapollas y eso marca a un país y a sus habitantes de por vida.
Somos algo así como cuarenta millones de niños malcriados en la calle, que aprovechando la desidia paterna se cagan en la cocina y pringan de mierda todo cuanto les rodea. En estos cuarenta millones de niños malcriados también cuentan los millones de inmigrantes que han entrado en España a saco, tanto legal como ilegalmente, solicitando ayudas y prebendas, exigiendo derechos pero sin otorgar obligaciones al país que los acoge.
Por no otorgar no conceden ni una pizca de agradecimiento en forma de solidaria integración. La mayoría de ellos van a su bola y no hacen absolutamente nada por integrarse. Viven recluidos en sus propios barrios, creando sus propios círculos y desconfiando del resto de los españoles. En líneas generales eso va a misa. Eso sí: exigir, exigen lo que no está escrito y luego se producen los fiascos.
De fiascos habidos tras intentos de integración de ciertas etnias, puedo hablar y escribir con conocimiento de causa a pesar que ha llovido desde que se produjo el suceso que voy a narrarles:
Barcelona, años sesenta. Y no se extrañen, que por aquel entonces en España ya se estaba por la tarea de integración y convivencia; que tal labor no es un invento ni sociata ni pepero. A lo que iba. El entonces llamado Ministerio de la Vivienda construye una urbanización de trescientas viviendas que son adjudicadas a trescientas familias gitanas.
Se las desaloja de la zona infecta e insalubre de Can Tunis y se destruyen sus chabolas de cartón. A cambio cada familia recibe totalmente gratis un piso de 80 m2 compuesto de cocina, comedor, tres habitaciones, baño y terraza.
El día de de la entrega de llaves se arma la de Dios. Todo cristo de bailoteo, ¡jozú!,¡olé!, ¡arsa salero!, ¡Viva Franco! y demás vítores y zambras. Allí levantaba el brazo haciendo el saludo facha hasta el patriarca de la Indias y el primo del Lute. “Ezo zí, zeñó – decían – que agradesio lo semos pa aburrí”.
Comienza la operación integración duradera, y la prensa de la época lo recoge en gráficos (consultar hemerotecas) A los dos días de la entrega de llaves aparece el primer gráfico que da cuenta con qué fin y provecho son utilizadas las viviendas: La cabeza de un burro asomándose expectante por la ventana del comedor del 2º A. Siguiente gráfico: Instantánea de otro borrico, éste de cuerpo entero, tomando plácidamente el sol en la terraza del 5º B.
Al día siguiente los vecinos de un cercano inmueble llaman a los bomberos. Por el humo se sabe dónde está el fuego. Total, nada. Sólo que a los de los burros y otros de la etnia que han decidido convertir su nueva vivienda en un almacén de chatarra, les ha dado por encender lumbre en el comedor para dar ambiente a un sarao o bodorrio donde todo dios se rompe la camisa y se entrompa durante siete días seguidos. Tela.
No acaba ahí la cosa. Se presenta una comisión del gobierno para evaluar daños y levantar acta de desperfectos y son recibidos con una salva de adoquines. Y eso no. Desmadres los justos; que dice el gobernador civil que está hasta los huevos y envía a una dotación de grises armados de porras cimbreantes que reparten otra clase de lumbre entre la díscola etnia, que en pleno bodorrio abandona el campo y se reintegra a nuevas chabolas de donde ellos mismos, dicen : “No tuvimos que salir jamás”.
Mientras tanto a uno de los grises que ha entrado a saco en las nuevas viviendas, le da un apretón y se le ocurre ir a cagar, pero de repente se da cuenta que no tiene dónde hacerlo. Los inodoros han sido desmantelados, las tuberías de plomo, desmontadas, y todo el conjunto de sanitarios puesto a la venta en el mercadillo que se celebraba antiguamente en la plaza de las Glorias Catalanas.
También allí se pignoraron cerca de trescientas cocinas a gas Corberó, que ni puta falta les hacía tal utensilio a los de la etnia de marras. La mejor lumbre se conseguía con las puertas interiores y los marcos y ventanas de sus recién estrenados pisos. Y lo que aquí dejo escrito, va a misa. Para estudiosos e incrédulos consultar hemerotecas de La Vanguardia, Diario de Barcelona, La Prensa y Solidaridad Nacional.
Vuesas mercedes me sabrán perdonar el lapsus y la descolocación de acción y lugar, pero en lo tocante a integración y convivencia, cuando recapacito sobre el tema se me va la olla y enloquezco rememorando viejos tiempos.
No lo veo del todo claro eso de convivir plenamente integrados. No en esta generación. Y en la siguiente, ni se sabe porque tal estado de convivencia debería ser acción conjunta tanto de parte del inmigrante como por parte del que no lo es. Por parte del nativo dando por bueno y aceptando que la señora mulata que le hace las labores caseras, no es una esclava a la antigua usanza y debe ser retribuida y protegida laboralmente según la ley.
Y por parte del inmigrante, sólo recordarle que deje de tomar a España como si fuera una vaca de mil ubres a su servicio. Se acabó el ordeño y la solicitud de prebendas a esa ramera llamada Administración del Estado, de cuyo coño ha estado viviendo sin dar palo al agua desde su llegada a la más que jodida Madre Patria.
Y a ese Gobierno de desgobiernos, recetarle unos cursos acelerados de cómo cerrar y blindar fronteras para imposibilitar la entrada de zorros y zorras en este gallinero llamado España. En una palabra, hay que sanear el huerto y poner en la puta calle a todos los parásitos, ladrones, asesinos, vividores e hijos de puta que se han colado en este país. Hacer de nuevo válido el grito de ¡Santiago y cierra!, ¡España!
That it is the question.
José Luis de Valero.
Fantasma Mayor del Reino
Madrid